lunes, 21 de noviembre de 2016

Un respiro


  Vivo y vivimos presionada por lo que la sociedad me pide. Mi vida se basa en una serie de normas que tengo que cumplir a no ser que quiera ser juzgada y/o castigada.


  Me levanto a las 7:30 de la mañana cada día, un poco antes si tengo exámenes ese día, Desayuno, me ducho, me visto y me voy a clase. Seis horas de monotonía en las que parece que tengo que gozar en compañía de compañeros colocados en mi clase de una manera aleatoria.


  Pero no, no es de eso de lo que me quejo.


  Llego a casa a las 14:30 de la tarde, generalmente cansada por el simple hecho de llevar una mochila que, a mis espaldas, parece pesar ochocientas toneladas. Como, hago los deberes, estudio, ceno y me voy a la cama, esperando que el día siguiente sea un día mejor.


  Pero no lo es,
y tampoco es de esto de lo que me quejo.


  Está claro que la vida es una constante monotonía. Que por mucho que te lo propongas, no puedes pretender vivir una experiencia nueva cada día ya que siempre acabarías repitiéndote. ¿Y qué? ¿Es mala la monotonía?


  Lo que es malo es la sociedad, sí, siempre lo digo pero es la verdad. Es malo tener que estudiar diez asignaturas en un segundo de bachillerato, de las cuales a pesar de ir por un bachiller científico cuatro son obligatorias y de la rama de letras (lengua castellana, lengua gallega, inglés e historia de España).


  Me quejo de tener que estudiar cosas que en un futuro no me servirán para nada, porque por mucho que pretendan que tengamos un cierto grado de cultura general, estoy segura de la mayoría de nosotros no nos acordaremos qué fue el Califato de Córdoba ni qué obras escribió un tal Espronceda. Por mucho que me estudié matrices matemáticas, dudo que mi futuro trabajo en un hospital se vea caracterizado por hacer dichas matrices.


  Y no, tampoco me estoy quejando de tener asignaturas que en un futuro no me servirán para nada pero que este año me están dando más problemas que soluciones y alegrías.


  Me quejo porque nos presionan a nivel académico. Porque el simple hecho de poner unos exámenes en una misma semana y pretender que no nos agobiemos es estúpido, ya que es imposible no agobiarse teniendo en cuenta que año tras año las notas de corte para entrar en una universidad son mayores.


  Este año yo misma me he sorprendido cuando en enfermería vi que en Santiago de Compostela pedían un 9'7.


  ¿Qué pasa? ¿Por qué determinamos una carrera por las notas que la gente obtenga? Es como una discriminación cara a alguien que puede ser un perfecto médico, que puede sacar dieces en biología y química, pero que tiene un trabajo increíble para sacar un mísero seis en, por ejemplo, Historia de España.


  Supongo que ahora las manifestaciones comienzan a tener sentido. Porque somos nosotros los que nos vemos afectados, los que el año que viene estaremos en pleno mes de mayo haciendo el último esfuerzo de nuestras vidas preparando una selectividad... Aunque espera, ¿último esfuerzo?

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