miércoles, 12 de octubre de 2016

Distance


  Distancia.

  Tanto real, como sentimental.

  ¿Acaso no hemos sufrido por ella todos?

  Quizás sea la palabra femenina más fea del diccionario español,
aunque creo que esto es exagerar,
porque está guerra, violencia,
o incluso perra,
que son palabras que deberíamos evitar.

  Sin embargo, la distancia debería estar en ese muro de la fama, pero de la fama creada por haters.
Sí, ya me entendéis, esa fama en la que te aman dos personas y te odian veinte.
Que, oye, tampoco está tan mal,
porque al menos sabes que esas dos personas te aman de verdad
y que ignoran al resto del mundo;
aunque quizás te amen por llevarle la contraria al mismo.

  La cuestión es que, la distancia, no es algo bonito.
A no ser que la mires desde el punto de vista de carreteras,
coches, viajes...
Entonces puedes hacer unas fotos increíbles con ella.

  Que no, que es broma. Vamos a hablar en serio.

  La distancia es mala, de verdad.
te puede hacer llorar día y noche esperando por el abrazo consolador de una persona que,
oh, sorpresa,
no está,
porque está a centímetros, metros, kilómetros,
o una maldita distancia cuantificable.

  ¿Y si hablamos de distancia sentimental?
De dos pechos que están rozándose,
pero que no es más allá de eso;
porque sus corazones huyeron, sus corazones no están cerca.

  O como cuando estás al lado de la persona que te gusta,
y notas cómo todo su cuerpo busca el suyo desesperadamente,
pero sin éxito,
porque su cuerpo no es tuyo,
porque la distancia de sentimientos os lo impide.

  Pero bueno,
la distancia tampoco tiene por qué ser tan mala.
Puede mejorar una relación que estaba al borde de abismo,
o puede darte tiempo para pensar qué es lo que quieres o lo que no,
incluso puedes aprovechar y fumártela
(si consigues hacer esto último, por favor,
dime tu truco, necesito unas caladas).

 PD: parón increíble de meses, tocará volver a la carga escribiendo, ¿no?